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Ciudades - Carmelo

Playa de CarmeloLas ciudades uruguayas de Carmelo, Nueva Palmira y Punta Gorda saben cómo homenajear a los turistas. Su arquitectura detenida en el tiempo y las playas blancas ofrecen un panorama distinto a sólo dos horas y media de Buenos Aires.

Las playas de Carmelo son uno de los mayores atractivos de la ciudad.

No tienen el despojamiento japonés ni la grandeza persa. Pero comparten con ambas la sabia tranquilidad oriental. A sólo dos horas y media de Buenos Aires, cruzando el “charco”, las uruguayas ciudades de Carmelo y Nueva Palmira saben cómo homenajear a los turistas.

Pertenecientes al Departamento de Colonia y un tanto eclipsadas en las guías turísticas por la cercana ciudad homónima, Carmelo y Nueva Palmira rinden culto al río y no ocultan el orgullo por sus blancas playas, su arquitectura detenida en el tiempo y la calidez de sus habitantes.

Ubicada a orillas del Río de la Plata, a Carmelo se llega a través de la empresa Cacciola. Sus buques –cómodos aunque no siempre limpios- parten desde el Tigre. El pasaje ida y vuelta cuesta 120 pesos para los mayores y 113 para los menores. Incluye el traslado hasta esa estación fluvial desde Once, Constitución, Puente Saavedra –en la localidad bonaerense de Vicente López- y microcentro. Tiene dos conexiones diarias y ofrece, con un cargo adicional, alojamiento en hotel.

Carmelo derrocha belleza apenas se la pisa. Es que, a pocos metros del puerto, se encuentran dos de sus atractivos más fuertes: el puente giratorio -¡a tracción humana!- inaugurado en 1912 que une el balneario con la ciudad, divididos por el pintoresco arroyo Las Vacas. Y la rambla de los Constituyentes, un paseo inaugurado en 1930 cuyas terrazas y glorietas recuerdan a la Costanera Sur de la vecina Buenos Aires.
Pocas cuadras más arriba, aparece la Plaza Independencia, alrededor de la cual se encuentra el centro cívico y comercial. Allí están la Casa de la Cultura y la Parroquia del Carmen -también museo histórico-, que da nombre a la ciudad y su gente, los carmelitanos. Cerquita, está el remodelado Teatro Uamá, que también vale la pena conocer.

Claro que, más allá de los puntos de interés, la mejor forma de conocer Carmelo es extraviándose en sus calles. Quien lo haga quedará fascinado por las casas centenarias, las tiendas quedadas en los años ’50, los árboles inmensos, una tranquilidad inquietante, la calidez de los pobladores.

Su clima templado invita a hacerse una escapada a la ciudad en cualquier época del año. Incluso a conocer el balneario de playa Seré. Se llega cruzando el puente giratorio y tomando un corto camino arbolado que pasa por el histórico hotel Casino (desde US$ 27 por noche base doble) y continua hasta el Río de la Plata. Arenas finas y blancuzcas dan marco a las aguas que transitan, a lo largo del día, del color león al plateado.

Nueva Palmira y Punta Gorda

La “norteña” Nueva Palmira se encuentra a 22 km. de Carmelo y a 75 de Colonia. Por una módica suma, quienes estén a pie pueden tomar los ómnibus de Berrutti, que une distintas ciudades y pueblos del departamento. Desde el Tigre, llega la empresa Líneas Delta Argentino. El pasaje ida y vuelta cuesta 107 pesos para los mayores y 97 para los menores.

Pujante gracias a su puerto internacional y su producción agrícola, Nueva Palmira está situada casi donde el río Uruguay recibe las aguas del Paraná y las vierte, junto a las suyas, en el de La Plata y le da nacimiento. Es fría y brumosa en el invierno y muy cálida durante el verano.

Esta pequeña ciudad reserva verdadero descanso para el visitante. Cuenta con una variedad de atractivos turísticos. Entre ellos, el coqueto amarradero del arroyo Higueritas; una réplica exacta de la Pirámide de Mayo, que rinde homenaje a la revolución de 1810; un reloj de sol, que da inicio a una preciosa costanera; el histórico muelle donde llegaban, promediando el siglo XIX, mercancías e inmigrantes; y la playa Brisas, extensa, blanca, abierta.

Pero sin dudas es Punta Gorda lo que termina de conferirle una naturaleza única a Nueva Palmira. Ubicado a 5 km., este paraje marca el inicio exacto del Río de la Plata. Un hito da cuenta de este hecho geográfico. Pero será la vista del turista la que quede perpleja al observar como un estuario se abraza con otro y devuelve una inmensa postal ocre, verde y celeste.

Dueña de una flora rioplatense casi salvaje, Punta Gorda cuenta con una pequeñísima infraestructura hotelera. La mejor manera de pasar unos días es alojándose en alguna casa. No hay muchas. Sus playas son cortas y alternan pastizales y juncales con extensiones de arena y piedra.

El paraje no sólo ofrece una magnífica naturaleza. También es un lugar histórico clave durante la conquista española. Hasta allí se adentró el navegante Juan Díaz de Solís, quien buscaba un paso que uniera el océano Atlántico con el Pacífico. Luego de hacer escala en la actual isla argentina Martín García, Solís desembarcó con sus hombres en Punta Gorda, donde fue atacado y muerto por los indios charrúas. Una pirámide recuerda la mala fortuna del conquistador en esas –aún hoy- indómitas tierras.

Fuente: terra.com.ar

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