Inicio - Colonia del Sacramento - A 12 Años Del Crimen De Andrés Trigo, Aún Hay Aspectos Sin Develar
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Andrés TrigoSospechas. Su familia sigue sosteniendo que existieron "conexiones policiales".

La ex novia del joven y un conocido delincuente fueron a prisión.

Si bien hay dos personas en prisión por ese hecho, el homicidio del joven coloniense Andrés Trigo, del que ayer se cumplieron 12 años, sigue envuelto en una espesa niebla, especialmente en lo que hace a una "conexión policial" que desde el primer momento ha venido denunciando la familia de la víctima.

Andrés Trigo ayudaba a su padre, Walter, en el reparto de garrafas de supergás y los domingos por la noche daba una mano en el club San Carlos, en la zona suburbana de Colonia del Sacramento, donde se realizaba un baile con mucha concurrencia, que era conocido popularmente como "la vermú".

En la madrugada del 17 de agosto de 1998, Andrés ¬conduciendo una camioneta¬ regresaba a su domicilio en la calle Eduardo Acevedo, donde residía junto a sus padres y su hermana. Antes de llegar a destino, otro vehículo lo interceptó.

El cuerpo sin vida del muchacho fue hallado, a mediodía, con dos balazos en la cabeza dentro del vehículo, en la calle Atanasio Sierra, próxima a la Ruta Nº 21, en el Real de San Carlos.

Andrés, por aquel entonces, había interrumpido un noviazgo con Karina Carro, una empleada de comercio de la zona. Las versiones que desde entonces se manejan, y nunca fueron desmentidas por los investigadores, es que la chica "habría ofrecido 4.000 dólares" para que mataran al joven, ciega de ira por su abandono. También habría aportado a gente de su amistad, algunos delincuentes y un ex policía propietario de un pub, datos precisos sobre una caja fuerte en casa de los Trigo.

"Impericias" policiales

Apenas hallado el cadáver, se sucedieron las "impericias" o "equívocos" de parte de la Policía coloniense, en ese tiempo al mando de Hugo Pintos Funes.

La cadena de hechos llamativos llegó a su pico máximo cuando a la familia Trigo le devolvieron la camioneta "después de haberla lavado en la comisaría 7ª", recuerda Walter.

Pintos Funes salió a los medios a sembrar dudas sobre la víctima y la sociedad coloniense, indignada, reaccionó con un rechazo jamás antes visto en Colonia contra un jerarca policial. Tras un largo periplo de desaciertos, Pintos Funes dejó el cargo. La Junta Departamental, por unanimidad, llegó a calificarlo de "persona no grata".

Irrumpieron en la escena local las marchas de silencio organizadas por la familia Trigo, exigiendo el esclarecimiento del hecho. Se hizo cargo de las pesquisas el comisario Eduardo Romero, llegado desde Montevideo, donde se desempeñaba como titular de la División Homicidios. Romero condujo ante la Justicia en más de una oportunidad, sin éxito, a una docena de detenidos, entre los que figuraban policías en actividad y el ex uniformado dueño del pub.

En 2002 se hizo cargo un nuevo equipo al mando de los comisarios Adolfo Hernández (de Colonia) y Roberto de los Santos (de Montevideo). El nuevo fiscal del caso, doctor Ariel Cancela, procesó con prisión a la ex novia de Andrés por "coautoría de homicidio".

En 2003 apareció como seriamente implicado el delincuente Alejandro Píriz Brum, ya que por ejemplo su auto lucía marcas de pintura de la camioneta que conducía Andrés aquella madrugada en la cual fue encerrado de vuelta a su casa. En 2004 las autoridades del Ministerio del Interior presentaron ante la Suprema Corte de Justicia una denuncia contra el juez de Carmelo, doctor Carlos Colmenero, por "proteger a Píriz Brum". Finalmente, en 2007, el delincuente fue procesado también por coautoría de homicidio especialmente agravado.

Una tensa y larga espera

El ex policía dueño del pub (Mario Hernández) se radicó en Argentina. La familia Trigo sigue esperando que se haga efectiva su extradición, porque creen que "tiene mucho para contar".

Del equipo policial que logró avances, nada más volvió a saberse. (Los datos recogidos por LA REPUBLICA indican que "el grupo fue desarticulado y nunca más volvieron a convocarlo"). Las marchas de silencio ya no transitan por las calles de Colonia y 12 años después del crimen hay bancos de niebla que siguen instalados en los mismos lugares que en un primer momento.

Karina, en la cárcel de Piedra de los Indios, nunca abrió la boca para revelar la más mínima novedad que permitiera dar otros pasos. Es más, nunca admitió ante la Justicia su culpabilidad, pero la suma de evidencias llevó al magistrado a procesarla.

¿Por qué tan intrincada madeja de personajes en la historia? ¿Cómo podía ofrecer dinero una empleada de almacén que apenas ganaba 1.200 pesos por mes? ¿Qué otras manos poderosas se movían detrás de escena y con qué finalidad? ¿Quiénes fueron los autores intelectuales del crimen? Esas continúan siendo algunas de las muchas preguntas que quedan en pie en esta ciudad que desde agosto de 1998 porta una sombra, la de la impunidad.

Fuente: La República

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