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El SabaleroAutor de varios himnos de la música popular uruguaya, José Carbajal “El Sabalero” se prepara para un 2010 intenso. En estos días dará una serie de conciertos en la costa. Luego arrancará con el proyecto Ceibal Canta que lo llevará a tocar en vivo para todos los alumnos de cuarto, quinto y sexto de las escuelas públicas. El entusiasmo se le nota en la voz, como la emoción por el homenaje que Juan Lacaze le hizo a “Chiquillada”, quizás su tema más emblemático.

El Sabalero se presenta el miércoles 6 el Pabellón de Las Rosas de Piriápolis, el jueves 7 en Campobar de La Pedrera, el viernes 8 en el Festival de San Gregorio de Polanco y el sábado 9 en el Festival de Atlántida.

Una agenda intensa que luego seguirá con varios conciertos en su departamento de Colonia y en otros puntos del país. El verano es su temporada de trabajo en Uruguay, donde reside en Villa Argentina, detrás del Águila. En nuestros inviernos, se va para Holanda, su otro país de residencia y trabaja en Europa o Estados Unidos.

El Sabalero habló 180 de los conciertos, el homenaje a Chiquillada en Juan Lacaze y la preparación de Ceibal Canta.

¿Cuál es la propuesta en la que están pensando para esta serie de shows?

En realidad no soy el más indicado. Yo sé las fechas nada más. Lo de Piriápolis es un recital cerrado y entonces uno tiene posibilidades de hacer cosas mucho más íntimas. No quiere decir que vaya a cantar boleros pero sí hacer las cosas más chicas que casi nunca se pueden hacer salvo en teatros.
Después en La Pedrera es más agite, va a ir un público más joven. Habrá que ir más para arriba, más candombe, más murga, más polenta y menos cuentos.

Al Festival de San Gregorio de Polanco me dicen que fui una vez pero yo no me acuerdo. Los festivales son festivales… subirse al escenario, tratar de meterte entre la gente y ganártela, seducirla con el contacto directo. El Festival de Atlántida es la segunda vez que se hace y al haber criollas el ambiente es más festivo, hay que ir bien arriba.

¿Es común que a pocas horas del espectáculo no sepas exactamente lo que vas a hacer?

A veces el repertorio lo definimos cinco minutos antes. Vemos la gente que va llegando y decimos que está para hacer tal cosa. De repente si hay mucha gente agitando no te vas a poner a hacer “La casa encantada”, es como un poco faltarle el respeto. Si hay gente que va y ves que quiere escuchar, hacés cosas para escuchar y no para saltar.

¿En general le acertás?

Ah sí… muy difícil que le erre después de tantos años.

No tocas desde el verano pasado…

El año pasado hice una cantidad de conciertos en el interior. Coincidimos en 12 shows con Agarrate Catalina. Además, hice como 20 y pico de shows solo. Ahora voy a Colonia, el 30, a los 330 años de la ciudad. El 23 me están pidiendo de Carmelo… Esa es la región mía, ¿no?

Justamente te iba a preguntar sobre eso. En Juan Lacaze, tu ciudad, te acaban de hacer un homenaje inaugurando un monumento a la canción “Chiquillada”. ¿Cómo lo viviste?

Uno no sabe mucho explicarlo. La canción tiene más de 40 años de grabada, la grabé en 1969. Había un lugar pegado a una escuela que era un basurero, lo recuperaron e hicieron una plaza preciosa. Ahí llamaron a concurso sobre la canción “Chiquillada” y ganó un muchacho de Ombúes de Lavalle. Hizo una cosa muy linda en hierro, de 1,60 metros.

Fui, canté con el coro del Liceo. Había mucha gente. Fue muy emotivo porque entre la gente que habló estaba al secretario del sindicato de los papeleros, yo vengo del gremio de los textiles. Me vi con mis compañeros de la infancia, de la juventud. El 8 había sido mi cumpleaños y esto fue el 10 de diciembre, el Día de los Derechos Humanos.

Como artista, ¿qué te pasa frente a un reconocimiento de ese tipo que no es muy común?

No se pueden hacer monumentos con nombre propio cuando uno está vivo. No lo permite la ley… Entonces, lo que hicieron fue homenajear a “Chiquillada”. Fue una especie de trampa pero fue fantástico.

“Chiquillada” me identifica. La gente que me conoce, me conoce sobre todo por esa canción. Son generaciones que vienen cantándola en la escuela y me parece que todos los abuelos se la cantan a los nietos… Todos los días alguien me dice algo sobre ella.

La escultura está muy buena, es figurativa totalmente. Un botija tiene una pelota en un pie, otro tiene una cometa, otro un barquito y otro un aro de un andador. También hay un perrito por ahí. No hay manera de pensar que es otra cosa que no sea “Chiquillada”.

Uno más que orgulloso se pone agradecido. Estoy agradecido con la gente, yo creo que es un poco hasta de más porque es una canción... Hay muchas canciones muy buenas en este país y muchos cantores y muchos compositores.

Sí, pero pocas llegan al grado de himno, por decirlo de alguna manera…

Yo no sé si himno pero es una canción muy popular. Se hizo en el momento justo, en 1969. Eran momentos difíciles. Había mucha canción de protesta y justo sale “Chiquillada”. Aunque fuera muy clasista, porque estos chiquilines juegan con pelotas de trapo y en los campitos, no es una canción de protesta, es una canción feliz. En aquella época se hacían pocas canciones felices, más bien escribíamos canciones enojados. Esa fue una de sus virtudes, la podía cantar todo el mundo porque tocaba mucho la ternura. No es que yo sea tierno pero me salió así.

Algo habrás tenido que ver…

(Risas)

Sí, pero no es que me haya puesto a hacer una canción tierna sino que me salió así.

Igualmente aunque no sea una canción claramente política, terminó asociada a una época como otros temas tuyos.

Terminó asociada a una época y además es una canción clasista. Los chiquilines no son los chiquilines de Carrasco jugando al tenis. Están jugando al fútbol en el campito, es una canción de barriada, y juegan con lo que tienen, con lo que inventan. Yo era muy jovencito cuando la hice, tendría 19 o 20 años. La grabé con 24. Y había veteranos que no creían que fuera mía, me decían que yo no había vivido eso… ¡Cómo no lo voy a vivir si hasta ahora se juega con pelota de trapo!

Pasaron 40 años desde que la hiciste y la tenés que tocar permanentemente…

Totalmente. Si no canto “Chiquillada”, se enojan.

¿Cómo es eso? ¿Te aburre?

No, no. Yo la quiero muchísimo. Hay canciones mías que yo quiero muchísimo. “Chiquilladas”, “A mi gente”, “Villa Pancha”, “No te vayas compañera”, “La muerte”… me gusta cantarlas, me entusiasman.

Cuando estoy haciendo “La Casa Encantada”, hay temas que me emocionan mucho como “No te vayas Pedro” o “Colmenera”. Son temas que me remueven dentro, uno es a mi hermano y otro es a mi vieja.

Esas cosas me hacen revivir muchas cosas de la juventud, de la infancia y de la gente que ya no está al lado. Yo ya casi no tengo familia. Tengo un hermano nada más y en casa éramos ocho. Cuando toco esas cosas realmente me siento conmovido.

Entonces, cada show es una excusa para recordarlos.

Sí, además yo trato de que todos los shows sean diferentes.

El Sabalero recuerda cómo lo impacto la vez que vio tocar en su escuela a Atahualpa Yupanqui. Quizás ese impacto fue definitivo en su futuro como artista. Inspirado en ese recuerdo, ahora trabaja en Ceibal Canta. Se trata de una serie de más de 120 conciertos que dará para todos los alumnos de cuarto, quinto y sexto de las escuelas públicas. El proyecto se inscribe en el Plan Ceibal ya que el espectáculo estará disponible en ese portal.

Son aulas abiertas de geografía y cultura nacional, con música y cuentos. Empieza 15 días después del comienzo de clases 2010 y va hasta el 30 de junio. Si no se completan todas las escuelas, el Sabalero vuelve en setiembre a terminar.

Es cantarle a todos los chiquilines de cuarto, quinto y sexto año de escuela primaria. Estamos incorporando temas de Aníbal Sampayo, Osiris Rodríguez Castillo, Eustaquio Sosa, Daniel Drexler, Ruben Olivera, de Carlos De Mello… Vamos a hacer una especie de estampa del Uruguay geográfico: ríos, montes, arroyos, barriadas, pueblos en canciones y palabras. Además, vamos a dar datos de la producción de cada región, proyectando cosas, con buena iluminación. Vamos a seducir a los chiquilines. Es una especie de aula abierta.

¿Cómo se va a hacer?

Lo que me dijo la directora de Primaria es que es un aula abierta, como una clase general de geografía y de cultura uruguaya. Vamos a hablar de todo un poco. En cada región de Uruguay cambia la producción y entonces le vamos a contar a los chiquilines las cosas de su lugar. Hacemos una pintura del Uruguay, de todo el territorio, y también del lugar donde estamos.

Montevideo, Canelones y San José vamos a tratar de solucionarla en el LATU que tiene unos locales enormes. Después de departamento en departamento vamos a ir aprovechando las salas más grandes y vamos a tener también una carpa para el medio del campo o donde no haya salas. La carpa será más o menos para 1.000 chiquilines. Habrá proyectores, juego de luces, un espectáculo de verdad hecho para ellos.

Fuente: 180.com.uy

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