Lluvia En Las Calles
Opinión por Daniel Bianchi.
Las lluvias que persistentemente se abatieron durante los últimos quince días -con eventuales interrupciones que permitían durante algunas horas el paso de la luz del sol- tendieron sobre el departamento de Colonia un manto de equidad que no es el que, precisamente, nos gustaría a los colonienses: ahora, las calles de todas las localidades tienen el mismo grado de deterioro.
Las precipitaciones, en efecto, fueron lo suficientemente contundentes como para terminar de destrozar nuestras ya maltratadas calles, la mayoría con un bitumen de baja calidad, con mal mantenimiento y en muchos casos visiblemente estropeadas a pesar de haberse bituminizado, muchas de ellas, no hace mucho más de dos o tres años.
Las fotos dando prueba de ello circularon en las redes sociales durante todos estos días, pero además el desaliento y la desazón de cada vecino podían escucharse en cada plaza, en cada almacén, en cada lugar de trabajo. Allí donde dos personas estuvieran reunidas, el mal estado de las calles y los perjuicios que ello implicaba -en particular para los vehículos- era tema de conversación.
En la mayor parte de nuestro departamento la pavimentación predominante es en hormigón y asfalto, y no se distinguen mayores innovaciones respecto a la aplicación de otra clase de soluciones.
La experiencia de los ingenieros viales, constructores y empresas en este rubro, coinciden a la hora de señalar que, siempre que se cumpla con los requisitos técnicos, económicos y sociales implicados en la pavimentación urbana, cualquier sistema de pavimentación es correctamente aplicable. No obstante, para la elección del diseño y la construcción, deben ser obligatoriamente tenidos en cuenta diversos factores de orden práctico, más allá de los esencialmente técnicos.
Algunos de esos factores tienen que ver con el orden urbanístico y social, ya que la pavimentación urbana en sí genera un impacto en la ciudadanía en cuanto a la calidad, estética y funcionabilidad que aquella posea. La tradicional imagen que tenemos de las calles implica que, muchas veces, toda aquella pavimentación que no sea la carpeta de hormigón tradicional -por ejemplo, las calles construidas con bloques de hormigón articulado, que la gente asimila de inmediato con calles peatonales- genere cierta clase de resistencia y oposición por parte de la ciudadanía.
Otro factor esencial al momento de definirse por un tipo de pavimento, es el precio del mismo, que comprende no sólo la inversión inicial, sino además los costos de diseño, construcción y ejecución de obras.
Las carpetas asfálticas, y los tratamientos superficiales simples y dobles -por los que históricamente se ha inclinado la Intendencia de Colonia (IDC)- conllevan un riesgo de deterioro mucho más rápido, y para evitarlo es imperioso que se establezca un plan específico de mantenimiento, algo que la IDC históricamente tampoco ha hecho. Ese mantenimiento, naturalmente, implica un costo muy elevado, y el hecho de no realizarlo deriva en un deterioro prematuro de mayor envergadura, lo que provoca la disminución de la vida útil de una manera drástica.
Recuérdese, sin ir más lejos, los Planes 500 Cuadras I y II -para las localidades del interior coloniense y para la capital departamental, respectivamente- que se realizaran durante el año 2008, y que a sólo cuatro o cinco meses de su finalización, ya mostraban calles con fisuras y baches.
No sólo eso. Aún más allá, los expertos advierten que las carpetas asfálticas y los tratamientos superficiales simples y dobles no ofrecen la mejor respuesta frente a una situación de aceleración, frenado o giros bruscos. Ante una acción como cualquiera de las mencionadas, la arena o la gravilla que usualmente se utiliza como sellado del tratamiento superficial tiende a deslizarse, lo que -más allá del riesgo de accidente que entraña- origina un deterioro, que puede agravarse aún más debido al derrame de aceites, líquidos u otros, generalmente, cuando se trata de arterias por donde transitan camiones u omnibuses.
Los factores constructivos, referidos al uso de maquinaria especial o de tamaño significativo -por ejemplo, los rodillos de compactación- o a las dificultades que el terreno presenta a la operativa de las máquinas, también elevan significativamente los costos.
Finalmente, los factores climáticos influyen directamente en el deterioro de los pavimentos, si es que las calles no cuentan con un adecuado sistema de bombeo y desagüe del agua de lluvia. Un apropiado diseño de las obras de drenaje y canalización de las aguas es imprescindible, diseño que forzosamente debe ser parte de un sistema de evacuación de pluviales a nivel ciudad, de forma tal que la solución de pavimentación propuesta no anegue las calles aledañas.
Esa serie de factores son lo que definen, a la hora de la puesta en ejecución de la obra, cuál es el mejor tipo de pavimento que se deberá construir, cuál es el menor costo de mantenimiento, y cuál será el impacto económico y social que el mismo producirá en la ciudad de que se trate.
Conocerlos y atenderlos, es una señal de madurez a la hora de encarar un trabajo en beneficio de la sociedad.
No considerarlo, como ha sido costumbre por parte de la Intendencia, implica que, cada vez que haya precipitaciones como las de los últimos días, en cada esquina alguien esté reclamando a las autoridades del Ejecutivo departamental por la situación de nuestras calles, quejándose por los trabajos mal realizados y lamentando la falta de previsión.
Y tienen toda la razón al hacerlo.


