| Política - BPC |
por Ing. Andrea Maddalena
En estos últimos años, en el Uruguay, cada nuevo período de gobierno incluye en su programa una Reforma Educativa, y en todos los medios de comunicación se hace mención a ella…
Hace más de un siglo, José Pedro Varela cimentó las bases del sistema educativo, con principios y valores que fueron un ejemplo en riqueza de ideales formativos. Desde la distancia temporal, hemos vivido una época de cambios muy rápidos y significativos, de los que no queda excluido ningún aspecto de la vida humana, tanto a nivel individual como colectivo, menos aún la educación.
Todo planteamiento en general y referido en particular a la educación se apoya en doctrinas como la antropología, sociología, psicología, economía, política, etc. Estas le aportan los datos para enfrentar con seriedad las nuevas realidades y elaborar lineamientos que conducirán a nuevas formas educativas, adaptadas a los nuevos destinatarios de la misma, los niños/as y adolescentes. Ningún educador debería sustraerse de ésta realidad.
Quiénes han vivido el proceso de la educación desde adentro, manifiestan la necesidad de diferenciar la reforma educativa y la reforma de la enseñanza. La primera es mucho más amplia y profunda, implica un mayor compromiso por encima de las reestructuras del funcionamiento de los diferentes subsistemas educativos.
Las innovaciones en la educación deberán desarrollarse en dimensiones que posibiliten incorporar a la institucionalidad las potencialidades educadoras de toda la comunidad, de manera que la sociedad se convierta en entidad educativa (familia, instituciones, empresas, talleres, prensa, gremios, etc.) Esto nos hace a todos responsables de la educación de nuestros jóvenes y adultos.
Institucionalizar la educación permanente, asumiendo que aprender debe ser tarea de toda la vida, implica construir un sistema normal de oportunidades en la educación también de los adultos, para toda persona que lo requiera. Inculcar conocimientos no basta, la educación debe promover la capacitación de los más jóvenes para la búsqueda del saber, a lo largo de su existencia (mercado laboral).
La educación propiamente dicha es un proceso que abarca el conjunto de actitudes, valores, conductas, reacciones frente a la vida, tareas, responsabilidades de todo ser humano. La enseñanza por el contrario, designa un conjunto de operaciones que permanecen en la superficie de la personalidad; afecta el intelecto pero puede desarrollarse independientemente de las otras dimensiones del hombre.
Considerando estas reflexiones, la educación tiene nuevas responsabilidades frente al futuro y prioridades absolutas; deberemos atender las variables sociales, culturales y ambientales que afectan a los más jóvenes, con excesivo cuidado, porque es un proceso de cambios permanentes donde se promueven oportunidades en un mundo siempre cambiante y desconocido.
Hoy existen muy pocos indicadores alentadores (cuándo los hay), como resultados de la implementación de diferentes planes de estudios, a nivel de la educación primaria y secundaria de nuestro país. Inversiones varias en infraestructura, logística, programas, etc., pero lamentablemente nuestros niños/as y adolescentes cada día más les cuesta encontrar motivaciones reales para capacitarse y realizarse integralmente como individuos en nuestro actual sistema educativo.
Un siglo después seguiremos reivindicando la Reforma de Varela, entendiendo que la educación de los pueblos es uno de los derechos primordiales de toda sociedad democrática y verdaderamente libre.
Será tiempo de terminar con los discursos y entender que el pragmatismo también es parte fundamental de los programas de gobierno, más aún si se definen como progresistas en el Uruguay del siglo XXI.
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