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Política - FA

Jorge Motapor Jorge Mota(*)

No es preciso remontarnos a culturas que amputan el clítoris a sus niñas.
No necesitamos descubrir que hay lugares en que las jóvenes sólo ríen con los ojos y jamás con sus labios escondidos tras un Burka.
No basta indignarse al conocer que hay religiones que sólo permiten caminar a la esposa dos pasos atrás de su hombre.
No alcanza el drama de saber que hay mujeres que mueren apedreadas porque amaron a un hombre que no era su marido.
Basta con mirar con atención a nuestro lado. Cada semana que pasa mueren más mujeres agredidas por nosotros.
Cada vez son muchas más las que se descubren golpeadas, violadas y humilladas.
Aún no podemos contar las que ocultan el ataque por temor a represalias.

Pero hay otras maneras cotidianas de violencia tan corriente que asumimos como norma:

el destrato, el imponerse por la fuerza, la humillación de la patota, la diferencia en el salario, la desigual oportunidad laboral, el “andá a lavar los platos”…
la gestante adolescente que se queda sola porque el embarazador escapa y se oculta en el cobijo machista de nuestra cultura.

Si de algo sirven estos aniversarios, como el del 8 de marzo, es para reflexionar, para corregir rumbos y empezar mejores estilos de vida.

¿Qué diferencian a los hombres de las mujeres?
Tenemos órganos y caracteres sexuales distintos y (por suerte) placenteramente complementarios.
Nos necesitamos para mantener la especie, los unos a las otras, y viceversa.
Los hombres tenemos más fuerza física y mayor agresividad.
Las mujeres son capaces de contener vida en su vientre y de amamantar a nuestros hijos.
Los hombres tendemos a pensar en abstracto, a inventar complejas salidas a los problemas. Tan complicadas a veces, que rozan con lo absurdo.
Las mujeres tienden a pensar más en concreto. Son capaces de encontrar el punto justo para salir de nuestro enredo... cuando conquistan su Derecho de opinar.
Las mujeres tienen, la rara virtud, de estar atentas a lo esencial de los asuntos, mientras continúan haciendo su tarea cotidiana.
A su pragmatismo, ellas saben pintarlo con los colores de la sensibilidad que a los hombres nos entrenan a esconder.

¿Imaginan un mundo en el que hombres y mujeres pudiésemos aportar lo mejor de cada uno construyendo sociedad?
¿Imaginan, compañeros de género, que en medio de la confusión, cegados por la urgencia de encontrar el rumbo, golpeándonos contra paredes y barrancos…atinemos a escuchar y descubrir que muchas veces la brújula imprescindible la tiene la mujer que nos dibuja la salida?

Imaginan, colegas XY, que ese tiempo que nunca alcanza, que nos marca el stress de cada día y cada noche, puede cambiarse por el asombro de escuchar nuestros latidos y decidir en que usamos el regalo de la vida.

¿Podrán nuestras masculinas miradas y nuestros rincones más sensibles valorar la dimensión de este país?
A veces no nos damos cuenta de lo inmenso de nuestra sociedad.
Fíjense, si no somos los uruguayos dignos del país más lindo para una vida de mejor calidad:

Una abuela sin nietos, poblada de nietos y nietas, una abuela guerrillera, resulta la Senadora más votada por los uruguayos.
Un abuelo sin nietos, poblado de nietos y nietas, un abuelo guerrillero y rehén de dictadores resulta el Presidente más votado de la Historia de Uruguay.
Esa mujer, uruguaya, sencilla y luminosa, colocará la cinta presidencial en el pecho de su compañero para sembrar de belleza este país.
Es que, como decía alguna vez:

a las grandes mujeres a veces,
sólo algunas veces,
acompañan grandes hombres…

como Pepe acompaña, codo a codo, a Lucía y su pragmática utopía.

Se elaboran sesudas leyes que regulan la igualdad de oportunidades para hombres y mujeres,
pero , inapelablemente, la inequidad no se resuelve por decreto.
Sin embargo, cada uno de nosotros, varoniles compañeros, podemos hacer algo desde ahora. No precisamos que las leyes nos obliguen a ser éticos, justos, humanos, sensiblemente racionales.
Bastaría comenzar por respetar en cada hogar, en cada taller, en cada calle, la dignidad de nuestras hermanas, hijas, madres y compañeras.
Pero uno es hombre y debe asumir la responsabilidad que le asignaron.
Por eso, ahora, en confidencia con mis compañeros de género, quiero compartir una letra de Eduardo Aute, otro hombre, cantautor de profesión.
Los convoco a analizarla, mate en mano, en un ambiente sudoroso, recio y duro cual vestuario después de la derrota contra el clásico rival.
Puede que tras este ejercicio de nuestro abstracto cerebro, comencemos a imaginar un mundo más libre y necesario. Un lugar donde podamos empaparnos de un poco del amor y la anarquía que hoy en día le hace tanta falta a esta masculina humanidad.

"Supongamos, ¡es tan fácil suponer! que el mar, como bien podría ser,
fuese una mujer.
¿Quién sabe? Acaso, el horizonte no sería un inmenso paredón, sino donde las sirenas cantan su canción de amor y anarquía.

Supongamos, ¡es tan fácil suponer!, que el sol, como bien podría ser, fuese una mujer.
¿Quién sabe? Acaso, este planeta no sería el reloj de la razón, sino luz que se derrama en una canción de amor y anarquía.

Supongamos, ¡es tan fácil suponer!, que dios, como bien podría ser, fuese una mujer.
¿Quién sabe? Acaso, el universo no sería un disparo en expansión, sino un soplo de la vida... en una canción de amor
y anarquía"...

*Candidato a la Intendencia Municipal de Colonia

 

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