| Política - FA |
CRO. Gustavo Lima
Compañeras y compañeros estamos aquí para conmemorar la creación y el primer acto multitudinario de nuestro frente amplio el 26 de marzo de 1971 frente a la explanada de la intendencia de Montevideo.
Esas acciones venían a culminar un largo proceso de unidad de las fuerzas populares uruguayas, que dejando de lado los sectarismos y las diferencias de largo plazo se unificaban en torno a un programa de gobierno, pero sobre todo un programa de acción política, en el sentido de vincularse con los sectores sociales en lucha para aprender de ellos y apoyarlos en sus luchas, y no política en un sentido de repartija y figuración.
Batllistas, socialistas, comunistas, nacionalistas antiimperialistas, cristianos que hicieron su opción por los pobres y oprimidos, militares nacionalistas y democráticos, es decir artiguistas, y sectores de jóvenes influenciados por la revolución cubana que por entonces hacían política con las armas buscando un cambio social revolucionario.
Y no podemos olvidar que este proceso de unidad fue marcado por la sabia unificación de los trabajadores organizados que tras debatir propuestas para salir de la crisis por medio de cambios sociales en aquel tan olvidado congreso del pueblo, señalaron el camino de la unidad en la central nacional de trabajadores.
El sentido de esta unidad para la acción estaba dado por la necesidad de enfrentar una política cada vez más violenta de entrega de nuestras riquezas producida por el trabajo de los uruguayos, a las transnacionales imperialistas, como siempre, representadas por las recetas del fondo monetario internacional y todas sus sucursales.
Las devaluaciones que de un día para otro se comían la mitad del valor de los salarios, la represión cada vez más violenta de la legítima protesta social, los primeros fraudes bancarios de los ya folclóricos Peiranos amparados y encubiertos desde el gobierno antibatllista de Pacheco Areco y sus conductores de la oligarquía cada vez más asociada a las transnacionales saqueadoras.
La violencia cada vez más exacerbada , que volvía a rebrotar desde aquella dictadura de la década del treinta, dictadura de Terra y Herrera, donde las tradiciones fascistas y falangistas dejaron su marca en nuestro ejército y policía y que entonces se veía reforzada por la doctrina de la seguridad nacional, doctrina que se le enseñaba a nuestros jóvenes oficiales, con la benevolencia de gobiernos electos, en la que todo compatriota que luchase por cambios sociales o que inclusive no colaborase con la represión era visto como un enemigo a suprimir.
La desesperanza de nuestros jóvenes que masivamente comenzaron a optar por el exilio económico, transformándonos en un país de ancianos; la desilusión de muchos jóvenes que ante el clientelismo, la corrupción, la represión sindical, la brutal explotación de los trabajadores rurales y el empobrecimiento de la clase media optaron por la lucha armada para lograr cambios sociales.
Todos estos elementos conformaban el paisaje en el que nacía nuestro Frente Amplio con la moralmente inevitable misión de transformarlo, de ponerlo al servicio de la gente, de cambiar la pisada.
El avance de las luchas populares a pesar de la cada vez mayor represión llevaron a las fuerzas antidemocráticas y antinacionales, con asesoramiento de la embajada norteamericana y gran injerencia de la dictadura militar brasileña a cerrar los caminos de la libre expresión.
A la permanente censura de la prensa, la tortura como método sistemático ya instalado en 1969, en 1971 se le agregó el fraude electoral contra Wilson Ferreira Aldunate quien no resultaba aceptable para el gobierno de los Estados Unidos y las dictaduras militares capitalistas de Brasil y Argentina.
Las balas que a fines de los sesenta mataban a estudiantes y obreros en las calles por protestar contra la violencia y el saqueo, en 1971 se transformaron en atentados con explosivos, bombas incendiarias y balas contra los frenteamplistas y sus locales.
Es que los comités de base, con su apuesta a democratizar la política, es decir llevar y tomar de ahí la reflexión, el estudio y la acción ciudadana sobre la realidad nacional; fomentar el control popular de los representantes era, por artiguista, una propuesta demasiada subversiva.
Las campañas de terror implementadas desde los medios de prensa que hoy siguen apostando a aterrorizarnos con los menores delincuentes, eran feroces, y fomentaban la histeria antifrenteamplista en grandes sectores de la población.
No debemos olvidar que mucho antes del golpe militar-empresarial de 1973, el inefable diario el país ya llamaba a que en Uruguay se siguiese el modelo Brasileño que por entonces consistía en una feroz dictadura y en una fuerte apertura a las transnacionales sedientas de recursos y mano de obra barata y asustada.
No debemos olvidar.
Recuerdo con cariño la noche en que en el cine estela el Gral. Baliñas inauguraba el FA de colonia.
Un grupo de unos 80 colonienses asistimos al acto y firmamos un cuaderno de compromiso con el programa.
Hoy, aquí en Colonia, recordaremos entre tantas notorias figuras a la de Miguel Angel Odriozola, nuestro primer candidato a Intendente, a su lado nuestro inolvidable Cliver Armand Ugón. Nuestro querido compañero Luis Fernández, nuestro primer edil de magnífica actuación y a decenas de otros compañeros que sacrificaron la paz de su hogar y sus trabajos buscando un cambio social en beneficio de los más humildes y explotados.
Esta movilización que efectuamos hoy, debe continuar, ensancharse, trayendo nuevos compañeros a través de la lucha, el mano a mano, el boca a boca. Muchos valiosos compañeros que se han retirado por los motivos que sean.
Debemos apostar a integrar más a los trabajadores, de la ciudad y del campo, para reforzar el contenido popular de nuestra fuerza.
Pero volvamos a aquellos años duros en que dábamos nuestros primeros pasos.
En 1972, tras el ataque de los tupamaros contra el escuadrón de la muerte, el gobierno de la oligarquía aprovecha para barrer a dicho movimiento en apenas seis meses e instalar el estado de guerra interno para aplastar la siempre creciente protesta popular ante el siempre creciente despojo y autoritarismo.
Desde febrero de 1973 hasta junio de 1973 en que se implementa el golpe de estado militar empresarial, la llamada guerrilla tupamara ya no existía y quedaba muy claro que el objetivo de la dictadura era aplastar a los movimientos populares para implementar el modelo social y económico recetado por el fondo monetario internacional de apertura financiera al capital especulativo y saqueador; aplastar los restos de nuestra soberanía construida por el primer batllismo y malherida por el clientelismo y la corrupción.
Transformarnos en un emporio de mano de obra barata y recursos naturales accesibles a base de masivo y fraudulento hiperendeudamiento externo.
El sistema de terrorismo de estado dejó profundas y dolorosas huellas que hoy nos siguen marcando.
En 1974, nuestro compañero Zelmar Michelini, denunciaba en roma, que más de 5000 orientales habían pasado sistemáticamente, planificadamente, bajo las torturas indicadas en manuales dados a nuestros oficiales.
Cerca de 40.000 compatriotas pasaron por las cárceles, muchos de ellos conociendo como mínimo el llamado plantón.
Siguiendo el plan de los organismos de saqueo internacional como el banco mundial y el fondo monetario internacional para subdesarrollarnos, hacernos más dependientes y explotables, se destrozó la educación, se aplastó la cultura, se pisoteó al poder judicial, se terminó de echar las empresas públicas al abandono para facilitar los proyectos imperialistas de privatización a mediano plazo.
Larga fue la noche pero no consiguieron borrar del mapa a nuestro Frente Amplio, que a pesar de los golpes salió casi tan fuerte como entró en la máquina del terrorismo de estado.
Bajo la dictadura, los frenteamplistas fueron un puntal de la resistencia, particularmente en la lucha por el no a la dictadura y en aquellas elecciones internas en que se votó en blanco para decir que ahí se estaba o que se votó a los sectores democráticos de los partidos tradicionales para dejar en claro que los personeros de la dictadura más explícitos, no tenían futuro político en el camino de la recuperación de la democracia representativa.
Sin embargo, la huella de la dictadura fue brutal.
Una deuda externa impagable para la que había que pedir préstamos para pagar intereses que no evitaban que el endeudamiento siguiera creciendo.
Una deuda compuesta en gran parte por carteras de deudas de bancos privados como el City Bank y otros varios, que pasaron a engordar la deuda de todos nosotros, juan pueblo, porque si no nos bajaban la nota y nos llevaban al estallido financiero, esa nueva forma de someter a los pueblos que le aplicaron, a entre varios otros, al presidente Alfonsín en la Argentina previa al menemato.
No podemos olvidarnos del problema central de la deuda externa y, en mi opinión, no podemos abandonar el camino de construir las condiciones políticas continentales para una revisión meticulosa de la misma apuntando al no pago de sus porciones ilegítimas por fraude o por imposición dictatorial.
Y otra huella, más rebuscada, la destrucción del pensamiento crítico que canalizado por el empobrecimiento de los sectores medios llevó al florecimiento del individualismo, el hace la tuya, el mantenete a flote, allí donde antes había compromiso con la lucha por el cambio social.
Hemos dado varias batallas, y las tenemos que seguir dando porque el imperialismo no deja de apretar, contra la impunidad de los verdugos y los permanentes, constantes, rebuscados y remozados intentos de privatizar las empresas públicas, que siempre apostaron a la estrategia de la ineficiencia planificada para aceitar las privatizaciones.
No debemos olvidar que en el programa del Frente Amplio, que todos los frenteampistas deberíamos conocer en profundidad, sigue figurando el antiimperialismo.
Y antiimperialismo no solo es oponerse a las intervenciones militares descaradas en contra de naciones soberanas, más allá del gobierno que tengan o dejen de tener.
Es sobre todo, no confundir el desarrollo económico.
Que implica la generación de empleo de calidad, la apuesta al desarrollo autónomo de tecnología el cuidado de nuestro medio ambiente y el beneficio real de nuestro pueblo como parte del mercado interno con aquel supuesto desarrollo en que las transnacionales se quedan con la casi totalidad del producto de nuestro trabajo, destrozando nuestros recursos naturales, y profundizando la concentración de la riqueza y la marginalidad de grandes sectores de la población.
Ya vamos para dos períodos de gobierno y no hemos podido revertir el problema de la concentración de la riqueza, la transnacionalización de nuestra economía y el falso crecimiento económico sustentado en la predominancia de los salarios bajos.
Hemos atendido mejor la emergencia social, pero no hemos metido mano a la máquina que produce emergencias sociales.
En este último periodo hemos fortalecido nuestra integración latinoamericana y nos hemos dejado de coquetear con los destructivos tratados de libre comercio que solo sirven para consolidar la dependencia y el subdesarrollo.
Nos queda hacer un mayor trabajo de integración hacia la independencia informativa, apostar con más fuerza a los proyectos verdaderamente liberadores como Telesur dejando atrás los monopolios de manipulación informativa que solo sirven para inventar odios, fabricar guerras, psicotizar a la ciudadanía y aniquilar la capacidad de reflexión tan fundamental para el ejercicio de la libertad.
Hemos finalmente reconocido al estado palestino terminando con una vergonzosa injusticia y apostando a una salida pacífica basada en la justicia en un rincón del mundo donde se siembra artificialmente el odio para cosechar fortunas con la venta de armas.
Compañeros, es muy bueno festejar y nos lo merecemos. Pero mucho mejor es festejar redoblando nuestro compromiso en la lucha contra la injusticia social.
Y comprometernos a esto, significa dedicar esfuerzos a fortalecer el frente amplio como herramienta popular de cambio social.
Es necesario fortalecer los comités de base, recuperándolos como espacios de estudio, formación, debate y comunicación con la población.
Los comités deben de estar abiertos a las luchas populares, aprender de ellas y apoyarlas. Los problemas de los trabajadores de Yasaki, el problema de los bajos salarios, el problema de la carestía de los alquileres, los múltiples problemas de los jóvenes y las mujeres deben entrar a nuestros comités.
Debemos cortar con la dominación mental de los medios de desinformación que controlan nuestras pantallas y que nos domestican para que odiemos las luchas de los trabajadores y de los ecologistas.
Cuidado con el patrioterismo barato que nos empuja a pelearnos con nuestros hermanos del otro lado del charco en base a la desinformación y la manija.
Los comités de base deben de ser centros de difusión de una contracultura que haga contrapeso a los gran hermanos y los programas de escandaletes que solo sirven para distraer a los pueblos.
Los comités de base deben de ser un espacio de formación política y de politización, en el sentido de construcción y lucha por proyectos sociales y no en el sentido de la repartija de cargos o el escenario para que ciertos egos tontos se luzcan ante cámara.
Sin comités de base capaces de controlar y empujar a la dirigencia, nuestro frente amplio está condenado a transformarse en una máquina conservadora para ganar elecciones por ganar.
Estas historias de organizaciones populares que se transforman en partidos de los poderosos olvidándose del pueblo son plaga en la historia política moderna y particularmente en américa latina.
Cuando se hace política para salir en los medios de comunicación, se termina trabajando para dichos medios…y todos sabemos para quienes trabajan esos medios.
No hay liberación sin construcción de redes alternativas de comunicación.
Y finalmente no podemos obviar un gravísimo problema de nuestro Frente Amplio: el envejecimiento de sus dirigencias y militancias que lo lleva a una inevitable muerte biológica.
Los veteranos debemos aprender el arte de pasar a segundas filas, abriendo cancha para las nuevas generaciones y dejando de lado el cuento de que los jóvenes no se interesan por la política.
Debemos crear un culto a la rotación en los cargos y las responsabilidades. Debemos ejercitar la colectivización de la experiencia.
Son muchos desafíos para los frenteamplistas de a pie.
Pero los desafíos son la vida misma y más aún cuando son apuestas a la justicia social, a los cambios para hacer que la vida sea vida y no sobrevivencia.
No podemos creer que los presidentes hacen lo que quieren, porque una cosa es tener el gobierno y otra cosa muy otra es tener el poder necesario para cambiar profundamente la realidad.
Y ese poder solo lo da el empuje de la ciudadanía consciente, organizada y movilizada permanentemente.
Así que compañeros, feliz cumpleaños, a reflexionar profundamente y permanentemente sobre el sentido de nuestras acciones cotidianas…¡y a empujar, compañeros! ¡a empujar!
Muchas gracias.
| < Prev | Próximo > |
|---|



