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Columnistas - José L. Pittamiglio

José Luis PittamiglioCuando se discutió el Presupuesto Quinquenal de la Intendencia de Colonia, los ediles del Partido Nacional mantenían la mano en alto para aprobar todos los artículos que había enviado el intendente Zimmer, sin modificarles ni siquiera una coma. En medio de esa larga y a veces poco fructífera discusión, surgió la ya famosa Tasa Turística, mediante la cual el intendente pretendía cobrarle a los hoteleros del departamento una tasa de 20 pesos por cada turista que se hospedara en su establecimiento y por cada día de hospedaje. El objetivo de la Intendencia era utilizar ese dinero para imprimir folletos del departamento y repartirlos entre los turistas.

Varias veces hemos tenido oportunidad de aclarar públicamente la diferencia que existe entre una tasa y un impuesto. Yo sé que a la mayoría de las personas probablemente no les interesará en lo más mínimo conocer cuál es esa diferencia, pero voy a explicarla porque hace al fondo de la cuestión. Cuando el intendente cobra una TASA, lo recaudado por ese cobro debe destinarse de manera exclusiva al servicio que se presta.

Por ejemplo: la intendencia cobra una Tasa Bromatológica y todo el dinero recaudado por esa tasa se destina a la realización de análisis bromatológicos y al funcionamiento del laboratorio de bromatología de la Intendencia. Es decir que lo recaudado por la tasa se destina de manera exclusiva al servicio por el cual se cobró la tasa. Los análisis bromatológicos se hacen a los productos que se venden en los supermercados y quienes pagan la tasa son los mismos que distribuyen esos productos. Allí se ve bien clarito que existe una relación estrecha entre la tasa y el servicio.

Volvamos a la Tasa Turística. Lo que proponía el intendente Zimmer es que los hoteleros pagaran una tasa y no recibieran servicio alguno, ya que lo único que prometía la intendencia era imprimir unos folletos de Colonia. Si el turista se queda 15 días en Colonia, ¿le vamos a dar media tonelada de folletos?. Además el que paga la tasa no es el que recibe el beneficio. Entonces no es una tasa, sino que es un IMPUESTO y allí estamos hablando de otra cosa, porque ni el Intendente ni la Junta Departamental tienen potestades para crear un impuesto.

Por lo tanto la mal llamada “tasa turística” en realidad era un “impuesto turístico”. El intendente –evidentemente muy mal asesorado- quiso hacer pasar gato por liebre y los ediles del Partido Nacional levantaron rápidamente la mano para que un impuesto pasara disfrazado de tasa. Los ediles de la oposición lo votamos en contra y llevamos el tema al Parlamento Nacional, porque obviamente que el Tribunal de Cuentas hizo la observación de que eso no era una tasa sino un impuesto.

Finalmente el Parlamento nos dio la razón y la pretendida “tasa turística” quedó en evidencia: no era más que un intento de recaudar un poco más, pero no era ni nunca fue una tasa. Estoy seguro que muchos ediles del Partido Nacional no sabían ni qué estaban votando y también que otros estaban de acuerdo con nosotros cuando el tema se discutió en la Junta, pero el mandato de levantar la mano y aprobar todo el Presupuesto era muy claro: todos los ediles blancos (los de Zimmer y los de Moreira) votaron esta tasa. Afortunadamente el Parlamento se pronunció sobre este tema, ya que en otras ocasiones este tipo de impugnaciones mueren en el olvido. Esto muestra que no alcanza con tener muchos votos en la Junta; de vez en cuando hay que hacer las cosas bien.

Prof. José Luis Pittamiglio – Edil Departamental – Frente Amplio
 

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