| Ciudades - Juan Lacaze |
Conversar con José Carbajal, El Sabalero, sobre la vida, la gente y los lugares de su Juan Lacaze natal, siempre es un placer. Pero el jueves 2, por la tarde, tuvo un sabor especial ya que la entrevista que el cantor concedió a LA REPUBLICA tuvo lugar unos minutos antes de que las autoridades departamentales le tributaran un reconocimiento como figura emblemática de nuestro departamento, embajador de la identidad lacacina a lo largo y ancho del mundo.
-De vuelta al pago, José. Y para un homenaje... ¿Qué te despierta toda esta movida?
-Para mí este es un año lindo porque ya vine tres veces a Juan Lacaze. Y es muy lindo volver a casa. Fijate si será importante que con César (Carbajal señala a un amigo de la niñez, con el que minutos antes se había estrechado en un abrazo) íbamos juntos a la Casa del Niño. (N. de R: se refiere a una institución que la empresa Campomar había habilitado en sus años de apogeo para albergar a hijos de obreros de la textil, mientras sus padres trabajaban en la fábrica).
Con él nos criamos juntos, somos como hermanos y hace cuatro o cinco años que no nos veíamos. Acá en Juan Lacaze se crece juntos, la madre de uno es la madre del otro. Mi viejo y el padre de César eran amigos desde antes de nacer nosotros. Así es la vida en un pueblo, y mucho más en el nuestro.
-Es fuerte lo que estás contando y en tu caso, en tu obra artística, vaya que te marcó.
-Yo creo que es lindo tener el recuerdo de lo que era Juan Lacaze. Lo que hay ahora es mucho menos, a nivel de industria, de capacidad de trabajo. Vos lo ves y este pueblo lucha por sobrevivir.
En aquella época a la que me refiero y que nombro en mis canciones, se hacía todo porque había trabajo, había dos mil personas en la fábrica. Estaba viva la economía del pueblo. Uno tiene presente todo eso, pero, claro, uno va envejeciendo junto con el pueblo. A mí me aparecieron canas y al pueblo también.
-¿Por ejemplo?
-Y... fijate. La Plaza de Deportes es como nosotros. A mí se me cayó algo de pelo, a la Plaza de Deportes se le cayeron las hamacas. A las casas se les estropea la pintura y a nosotros nos aparecen las arrugas.
- Cuando actuaste al cierre de la octava Fiesta Nacional del Sábalo (febrero de 2009) volví a presenciar un fenómeno que es conmovedor. Niños, adolescentes, conocen tus canciones y las cantan a viva voz.
-Bueno, "Chiquillada" y "Sentados al cordón de la vereda" o "A mi gente", que así se llama, están en las escuelas. Hay maestras que las enseñan. Pero los chiquilines también saben otras y eso me asombra. En Juan Lacaze no me sorprende que conozcan las canciones, yo soy de acá, soy uno más de la barra. Pero lo extraño es en el resto del Uruguay y lo más extraño es cuando voy a cantar a otros países para los emigrados uruguayos y los hijos de ellos también saben las canciones.
Y no solo las mías, también saben las de Los Olimareños, las de Alfredo (Zitarrosa). ¡Cómo se magnifica, como se hace crecer el país con la nostalgia!
-¿Has pensado en la posibilidad de afincarte definitivamente en Uruguay?
-(Sonríe y por unos segundos se queda con sus ojos fijos en la ventana de la Junta Local de Juan Lacaze, donde se concretó este diálogo) Sí, con mi señora ya lo tenemos decidido. Apenas ella se retire de su trabajo -le faltan siete años- nos venimos a vivir acá, al país, a la casita que tenemos en Villa Argentina.
-¿No te preocupa lo que se proclama con tanta insistencia, la inseguridad en nuestro país?
-La inseguridad es algo que se utiliza muchísimo políticamente. Yo pienso que en Uruguay somos muchos más, el mundo ha cambiado, los medios de comunicación hacen muchísimo más pamento. Siempre hubo delincuencia, capaz que hoy son más jóvenes, pero eso no es un motivo para no vivir en Uruguay. Además, el Uruguay es, sin ninguna duda, uno de los países más seguros.
-¿Y esta historia repetida de los jóvenes que se van del país buscando nuevos horizontes? ¿Cuánto te impacta?
-Quieren irse porque es lindo viajar, es lindo conocer... Yo creo que cuando uno se va no tiene que justificar nada. Yo me voy porque quiero, porque tengo ganas de conocer otros lugares y chau. Echarle las culpas al país de uno para salir, eso no. Me parece bastante deshonesto.
Fuente: La República
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