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por Nicolás Viera Díaz
Innumerables medios de comunicación dieron la noticia, días pasados, del derrocamiento del legítimo presidente constitucional de Honduras, Manuel Zelaya, elegido democráticamente por los hondureños.
Luego de que Zelaya impulsara algunas reformas constitucionales y cambiara a los altos mandos del ejército hondureño, un pequeño grupo de derechistas, conservadores y defensores de los grandes poderes monetarios y militares del país, tuvieron los elementos perfectos para interponer la Constitución como escusa y sustituir a Zelaya por Roberto Micheletti, el nuevo presidente golpista, presidente del Poder Legislativo.
Según se informa, la constitución admite este relevo presidencial en algunos casos concretos y bajo ciertas formas de actuar, que no se puede aplicar en este caso preciso.
Micheletti, en conferencia de prensa, dijo que “en Honduras no hay un Golpe de Estado, sino que es un relevo constitucional del presidente, totalmente válido”. Puede que el mecanismo golpista oculto bajo el manto de la constitución y la ley, haga parecer que este atropello antidemocrático es una acción legalmente válida. Hasta ahí se puede aceptar.
Pero ¿acaso, es de un gobierno constitucional levantar al presidente Zelaya a las 5 de la mañana de su casa, subirlo a un avión y sacarlo del país?, ¿Así actúan los hombres de derecho? No quieran venderle al mundo gato por liebre.
No es concebible aceptar este gobierno impuesto por la fuerza, secuestrando al verdadero presidente con complicidad de la oposición, de la justicia y los militares.
Por otro lado, TODOS los países del mundo (incluso Estados Unidos) no reconocen como legítimo el gobierno de Micheletti y ven como verdadero presidente a Zelaya. La OEA suspendió la participación de Honduras en el organismo, al igual que la ONU. Un importante número de presidentes condenaron la situación y otros tantos expulsaron a los embajadores hondureños de su territorio.
La situación parece agravarse. El gobierno de facto, solicita la captura de Zelaya. Cuando Zelaya se dispuso a volver a su país, el gobierno detractor se lo impidió por miedo a que hubiera “un baño de sangre”… mas tarde la prensa informó que el ejército había asesinado a dos manifestantes tras una movilización en el aeropuerto de Tegucigalpa. "Honduras vive en un estado de barbarie", dijo Zelaya desde el avión que debió desviarse a Nicaragua.
Además la voz de la Santa Iglesia Católica, como suele ser su accionar, se inclinó a favor de los golpistas, llamando a que Zelaya no retorne al país “para que no se den hechos que tengamos que lamentar”.
Lo irrisorio es que en Hondura no existe, por ningún motivo, el destierro; y fue lo primero que hizo el nuevo gobierno ditactorial con el presidente Zelaya.
El nuevo canciller de la república se dirigió a Obama como “ese negrito que no sabe nada de nada”, sobre El Salvador dijo que no iba a derrochar tiempo en explicaciones porque “ellos ni siquiera pueden jugar al fútbol porque la pelota cae en otro país de tan chiquitos que son”, sobre Lugo, el presidente de Paraguay, dijo “que se dedique a sus mujeres”; estas son las expresiones gentiles del canciller del régimen que no en vano está ausente de todo apoyo internacional.
Para realizar el análisis no se puede dejar sin mencionar, a muy grandes rasgos, la situación política del país caribeño. El destituido presidente Manuel Zelaya, es la figura máxima del Partido Liberal hondureño y por el cual salió electo presidente. Luego de instalado en la presidencia, Zelaya comenzó a generar cambios de corte progresistas, deja de ser un partido derechista y pasa a situarse más hacia el Centro-Derecha.
A la vez, comienza a relacionarse con figuras como Lula, el presidente de Brasil, Hugo Chávez, mantiene simpatía con Obama, y otras figuras mundiales de claro corte innovador, de centro o de izquierda.
Mientras que el impostor, Micheletti, es un político de la oposición, con clara prevalencia en el Poder Legislativo y de ultra derecha.
Ningún Golpe de Estado surge por generación espontánea, sino que se requiere coordinación entre las diferentes partes que actúan (poder político, empresarios, poder judicial, ejército), por lo tanto esto fue pensado con mucho tiempo de antelación.
A modo de conclusión, en forma muy personal, veo que, más allá de situar dos bandos en el problema, la realidad marca que siempre el verdadero perjudicado directo es el Pueblo.
Podrán tener razón unos o los otros, pero el Pueblo es el rehén.
Desde aquí repudiamos estos acontecimientos, donde se pretende anteponer, mediante la fuerza, un gobierno que no pasó por las manos del soberano y en el entendido que buscará defender intereses económicos y políticos y no las preocupaciones del pueblo.
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