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“Para haber vivido así, hay que tener duro el cuero y corajuda el alma” dijo en una oportunidad Carlos Julio Pereyra, quien fuera el acompañante de fórmula de Wilson Ferreira Aldunate.
"Hoy a 23 años de su desaparición física queremos homenajearlo recordándolo como un luchador por las libertades públicas", dijo el Intendente de Colonia.
Para Wilson la Patria es la tierra y su gente y así lo fue sintiendo desde su niñez en Nico Pérez hasta experimentar las rebeldías saravistas de Cerro Largo.
Cuando se analiza su biografía, siempre, se habla de su constante militancia que nace con su participación en las juventudes blancas independientes.
Nuestro departamento tiene el altísimo honor de contarlo como Diputado por Colonia.
Se recuerda su actuación como Ministro de Ganadería Agricultura y Pesca los seis años como senador que al decir de los investigadores; bastaron para proyectarse como un gran líder.
"Lo recordamos como un sembrador de esperanzas; un abanderado republicano; un referente", comentó.
Esta mañana en un sencillo homenaje, el Intendente Walter Zimmer y el Secretario General colocaron una ofrenda floral en el busto ubicado en la Explanada Municipal “Sentimos que ha trascendido los Partidos Políticos, en diciembre de 2008 le tributamos un homenaje colocando este busto, decidimos junto al Secretario General Pablo Manitto tomar la iniciativa de tener este recuerdo para este caudillo y nosotros dos asumimos el costo de la obra para donarlo a la comunidad” dijo.
Zimmer recordó que es el único lugar donde se recuerda su memoria a través de un busto. “ fue diputado por el departamento, y entendemos que es de todos” señaló.
Los últimos días de Wilson
En el Libro “Se llamaba Wilson” de Diego Achard (quien fuera su secretario) se recuerdan las últimas horas del caudillo.
Achard recuerda que el 28 de enero de 1988 Wilson festejó su cumpleaños 69 y que su última aparición pública fue el 10 de febrero cuando asistió al homenaje por los 70 años de Enrique Beltrán.
“En aquel momento su aspecto físico engañaba y daba lugar a esperanzas: le había crecido nuevamente el pelo diezmado antes por la quimioterapia, y un traje azul claro comprado de apuro disimulaba su delgadez.
Miguel Cecilio lo acompañó entonces al Teatro del Centro, donde se hacía el festejo. Se sentó junto al homenajeado y al terminar la ceremonia fue rodeado por todos los presentes. Estaban los amigos de todas las horas y también aquellos con los que se había distanciado, como Cacho López Balestra o el propio Carlos Julio (Pereyra). Muchos recuerdan que debieron formar fila para llegar hasta él. Para cada uno tuvo una frase, un gesto de afecto, un recuerdo especial. Era el Wilson de siempre, que los estrechaba por última vez. Volvió a su casa con una serena alegría. Aquella fue su despedida. Me pidió que no le llevaran más papeles ni documentos para firmar: era la aceptación del final inminente", relata Achard en el libro.
Luego de ese día no volvió a salir de su apartamento de la avenida Brasil.
El 10 de marzo el sacerdote jesuita José Aguerre, hermano de la esposa de Alberto Zumarán, lo confesó y le administró la comunión y la unción de los enfermos. Al otro día Zumarán lo visitó y declaró a los periodistas: "Tiene un empeoramiento paulatino de su grave estado. Él lo sabe muy bien y está con un temple enorme, una gran serenidad y paz". El 14 entró en coma. Falleció a la hora 6.50 del 15 de marzo. A su lado estaban su esposa Susana Sienra, sus hijos y Achard.
"A esa altura, el apartamento de la avenida Brasil estaba colmado de amigos, correligionarios y simples vecinos o ciudadanos que llegaban a dar el pésame a la familia", cuenta Achard en el libro.
A media mañana fueron a dar su pésame el presidente Julio Sanguinetti, el vicepresidente Enrique Tarigo, el canciller Luis Barrios Tassano y el ministro de Defensa, Hugo Medina. "El lugar se volvió un hervidero en el que se confluían las personalidades más diversas", recuerda Achard.
El gobierno decretó el 16 de marzo jornada de duelo nacional y que se le rindieran a Wilson honores de ministro de Estado.
Al mediodía una multitud acompañó el féretro a una misa en la catedral metropolitana, mientras sesionaba la Asamblea General para rendirle homenaje, con la presencia de Sanguinetti y el líder histórico del Frente Amplio, Líber Seregni, "quien tan distanciado se hallaba de Wilson".
De tarde el féretro fue llevado al Salón de los Pasos Perdidos del Palacio Legislativo, donde otra vez una multitud hizo largas colas para entrar. El miércoles 16 fueron a rendirle homenaje el presidente argentino Raúl Alfonsín y el gobernador peronista Antonio Cafiero. Al ver la multitud, éste comentó: "El entierro es el último veredicto popular en la vida de un caudillo".
Desafiando a la muerte con humor
El libro de Diego Achard incluye varias anécdotas de Wilson Ferreira Adunate que lo pintan en cuerpo y alma como un hombre que nunca perdió su sentido del humor, aún en los momentos más difíciles de su vida. Una de esas anécdotas cuenta que Wilson se negaba a viajar a Estados Unidos para atenderse cuando se conoció la gravedad de su enfermedad. Fue entonces cuando el presidente Julio Sanguinetti convocó a Juan Raúl Ferreira y le dijo que el Estado iba a disponer de un avión para que el líder blanco viajara de inmediato. Y le dijo que si Wilson se negaba, él se iba a instalar junto a su cama para convencerlo. Achard reproduce el diálogo entre Juan Raúl y su padre.
-Pero éste, ¿qué se ha creído? -dijo Wilson entre indignado y emocionado- ¿Me afanó la elección y ahora quiere disponer de mi vida? Yo no me voy nada a Estados Unidos.
-Mirá, viejo -le dijo su hijo-, yo no quiero estar en medio de esto, pero pone a tu disposición el avión presidencial, y me dijo que, si no vas, mañana se instala al lado de tu cama hasta que te convenza.
Wilson dudó un momento y finalmente dijo:
-Está bien. Prefiero morirme en Estados Unidos antes que tener que soportar a Sanguinetti sentado al lado de mi cama.
Wilson luego llamó a Sanguinetti para agradecerle la actitud a su enconado adversario político.
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